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Cómo identificar si nuestro hijo sufre acoso escolar
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Cómo identificar si nuestro hijo sufre acoso escolar

En entradas anteriores ya hemos hablado del acoso escolar y hemos tratado de aclarar ciertas cuestiones sobre su naturaleza. En esta nueva entrada del blog vamos a tratar de daros algunas claves para identificar si nuestros hijos sufren acoso escolar.

Tenemos que tener en cuenta que cualquiera puede ser víctima de acoso sea por ser diferente al resto o no serlo. No hay un patrón que haga que nuestro hijo vaya a ser víctima. Lo único que sí tienen en común todos aquellos que sufren acoso es, llevarlo en secreto. Siendo fundamental la detección temprana para evitar daños psicológicos graves y permanentes.

Para detectarlo, debemos fijarnos principalmente en estos 3 síntomas:

  1. Cambios de comportamiento. El mayor problema es que podemos confundir muchos síntomas de acoso con los cambios típicos de la adolescencia. Debemos permanecer alerta si durante el fin de semana está bien y el domingo por la noche empieza a encontrarse mal, si deja de hablar y salir con sus amigos, si deja de hablar en casa o responde con evasivas, si baja su rendimiento escolar, o si, está triste y muestra cambios de humor acompañados de arranques de cólera.
  2. Señales físicas. Si se le “pierde” o rompe de manera habitual el material escolar o la ropa y no sabe cómo explicarlo, o si nos pide dinero para dárselo a los acosadores, pueden ser señales de estar sufriendo acoso. Sin embargo, no es habitual, ya que la mayor parte del acoso se ejerce de manera psicológica.
  3. Síntomas psicosomáticos. Si sufre malestar al levantarse, mareos, dolores de cabeza,  palpitaciones, asfixia o alteraciones del apetito o del sueño, los padres suelen llevar al hijo al médico para practicar pruebas que no van a dar resultados concluyentes, ya que este malestar viene derivado por el acoso sufrido por el niño.
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Cómo identificar un caso de ciberbullying

Las formas en que se manifiestan los casos de ciberbullying pueden ser tan variadas como las habilidades e imaginación de los acosadores capaces de desarrollarlas. Lo cual, deja un abanico de opciones no siempre sencillo de identificar o definir. Por ello vamos a dejaros una serie de casos ejemplos que pueden ayudar a su identificación:

  • Subir imágenes comprometedoras, datos especialmente delicados o informaciones que puedan perjudicar a la víctima, dándolo a conocer a su entorno, es uno de los casos más habituales.
  • Utilizar plataformas en las que se usa el perfil de la victima, foto incluida, para someterle a vejaciones como votar al más feo o al menos inteligente.
  • Crear un perfil falso con los datos de la víctima en redes sociales o plataformas donde se buscan relaciones.
  • Dejar comentarios ofensivos en foros o participar en chats haciéndose pasar por la víctima para que después todos esos comentarios reviertan en su perjuicio por parte de la comunidad.
  • Dar de alta la dirección de correo electrónico en sitios que se dedican a enviar spam, saturando así la cuenta de correo.
  • Usurpar la clave del correo electrónico para leer los mensajes de su buzón, violando así su intimidad, y consiguiendo impedir el acceso a dicha cuenta de correo.
  • Difundir rumores sobre la víctima que inciten a otros usuarios a reprochar esas conductas ejerciendo estos represalias.
  • Enviar mensajes amenazantes vía e-mail o sms, de manera que la víctima se sienta amenazado en cualquiera de los lugares a los que accede en internet.
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¿Están relacionados ciberbullying y el bullying o acoso escolar?

El ciberbullying es el uso de medios telemáticos (Internet, telefonía móvil y videojuegos online principalmente) para ejercer el acoso psicológico entre iguales. Para que se de este hecho, tiene que haber menores en ambos extremos, no se consideran así los casos en los que participa un adulto, en ese caso estaríamos en otro tipo de ciberacoso.

Para encontrarnos ante un caso de ciberbullying, un menor debe atormentar, amenazar, hostigar, humillar o molestar a otro mediante internet, teléfonos móviles, consolas de juegos u otras tecnologías telemáticas.

De ahí que el ciberbullying y el bullying o acoso escolar no sean tan similares como uno podría pensar. En ambos casos se da un abuso entre iguales pero es el único punto en común entre estos. El ciberbullying suele atender a otras causas, se manifiesta de forma distinta y la manera de abordar el problema así como sus consecuencias son muy diferentes. Es muy probable que lo que empieza en bullying sea seguido de ciberbullying o que lo que empieza en bullying pase a convertirse en ciberbullying, siendo menos probable que suceda al contrario.

Este problema es especialmente grave ya que la red permite ejercerlo desde el anonimato que confiere la red, suponiendo la no percepción directa e inmediata del daño causado y la adopción de roles imaginarios en la red que pueden llegar a intensificar las actuaciones del acosador.

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Consejos para actuar frente al “bullying” o acoso escolar

En el artículo anteriormente publicado hablamos y tratamos de definir qué es y en qué consiste el acoso escolar, también conocido como “bullying”. En este artículo vamos a tratar de establecer una serie de pautas  y consejos que nos ayuden tanto a identificar como a actuar frente a este, cada vez más extendido, problema entre nuestros jóvenes.

Habitualmente observar el comportamiento de los menores nos bastará para identificar un posible problema. Cambios en el comportamiento o en el estado anímico puede ser síntomas o señales a los que tendremos que prestar especial atención, ya que cuanto antes se detecte menores serán las consecuencias y antes se podrán establecer las medidas de ayuda que sirvan para reconducir el comportamiento tanto del acosador, como de la victima y de los testigos de los hechos.

Es importante tener en cuenta, que estas actuaciones son constitutivas de delito y que suponen un ilícito penal contemplado en el propio Código Penal, como así lo establece la Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, sobre la responsabilidad penal de los menores. Debemos tener en cuenta la edad del agresor para la aplicación de unas medidas u otras. En el caso que sea menor de 14 años, será de aplicación lo contemplado en el Código Civil y demás disposiciones vigentes, no así en los casos que sea mayor de 14 años, en el que por la ley anteriormente citada le serán de aplicación las medidas establecidas en el Código Penal y juzgado por el juez de menores del lugar en el que se cometió el delito.
Por otra parte, la víctima gozará de especial protección por su condición, velando en todo momento por su protección tanto el Ministerio Fiscal como el Juez de Menores y siendo además, extensible a todos aquellos perjudicados por las infracciones cometidas por el menor actor de las mismas.

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Qué se considera “bullying” o acoso escolar

Por desgracia aún nos siguen llegando numerosas noticias en las que los padres denuncian que a su hijo le acosan los compañeros de colegio, que en gran parte de ocasiones llegan tarde, cuando el menor se encuentra ya perjudicado. Es difícil de detectar, incluso los adultos que custodian a la víctima pueden no darse cuenta, siendo las agresiones físicas por lo general, la culminación de un proceso de victimización.

Generalmente el bullying o acoso escolar comienza con agresiones e intimidaciones psicológicas, como insultos, motes dañinos, hablar malintencionadamente del niño, impidiéndole participar en juegos o actividades sociales conjuntas e incluso poner en su contra a otros compañeros, donde el agredido no da una respuesta adecuada, aumentando la intensidad del acoso por parte de los agresores. El objetivo es conseguir que sienta miedo a las agresiones, burlas, etc. Aunque también puede darse las agresiones físicas como darle collejas o poner zancadillas, empujarle, robarle e incluso quitarle sus pertenencias.

Como ya hemos indicado, en ocasiones es difícil detectar qué es acoso y qué no lo es, ya que, los niños se pelean en muchas ocasiones, lo que no debe porqué indicar que se trate de acoso escolar. Por tanto, lo que diferencia al bullying  con estas situaciones es que se reitera en el tiempo, manifestándose en formas diferentes de maltrato, donde la víctima es o termina en una condición de inferioridad y en la que los agresores se cebarán para mantener las acciones de hostigamiento.

Por otro lado, existen otras situaciones mucho más graves que tampoco debemos considerar acoso, que son aquellas derivadas a actos delictivos como las agresiones sexuales, el uso de armas, las amenazas de muerte o aquellas agresiones que ponen en riesgo la integridad de la víctima o su vida. Son casos de delitos que se deben denunciar.

Entonces, ¿cómo debemos actuar?

Pues bien, en caso de que el niño observe un comportamiento de acoso escolar debe saber que su posición no puede estar al lado de los agresores, ni participando ni tampoco riéndoles la gracia. La cuestión es intentar acercarse al niño agredido y pedir ayuda a los padres y a los profesores.

El centro escolar debe reaccionar positivamente para que el problema se solucione, enfrentándose al problema, nunca dejando el problema como un caso aislado.

Mientras que los profesores pueden detectar el problema mediante comportamientos de los niños en la dinámica de grupo, rendimiento escolar, rumores, tristeza en los niños, miedos, poca sociabilidad, signos de golpes. Pequeños signos que requieren de una actuación rápida para no dejar secuelas en la víctima y poder reconducir el comportamiento de los agresores.

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